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Saturday, May 26, 2007

TLC y Msr. Ignacio Trejos - 2006,07

monseñor Ignacio Trejos
Obispo Emérito de San Isidro de El General (Costa Rica)

Carta pública a los distinguidos miembros de la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR) con ocasión de la que esta envió al Eminentísimo Angelo Cardenal Sodano sobre el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

Cartago, 01 de julio de 2006

Estimadísimos hermanos Obispos:

¡Nobleza, fraternidad y amistad obligan! Esta es una de las poderosas razones que me impelen a enviar la presente. Los fines son eminentemente claros: Reconocimiento, gratitud y admiración debidas a ustedes, celosos y dignos pastores de la Grey Costarricense, que con toda nobleza, altura y dignidad, siempre tan características de esa Conferencia, razonan y actúan en defensa de los más altos intereses de la ciudadanía costarricense.

La carta en mención pone en evidencia, sin que ustedes explícitamente lo refieran, el desacato cometido por nuestra Cancillería Costarricense contra tan alta entidad, la del Vaticano y con tan eminentes personajes como sucede en este penoso caso. ¡Cuánto es de lamentar!.

Además, no se trata de cerrar la mente y endurecer el corazón, tal como ha querido juzgarse de parte de quienes están tan empeñados de hacer pasar a troche y moche un Tratado de tal envergadura.

Se trata, bien lo entendemos, sobre todo de dialogar, de poner sobre el tapete los intereses de la Nación entera, de los que jamás son ajenos a esa Conferencia que ustedes integran. Eso nuestro pueblo bien lo sabe y así lo interpreta.

Gracias al Señor nos conocemos bien y así lo comprendemos, que la nación del Norte con su política de “Buena Voluntad” se propone en toda forma, darnos con el Tratado en mención un severo golpe con ese su característico “big stick” tan propio del Tío Sam.

Por fortuna, igualmente, nuestras comunidades, a las que parece han tenido adormiladas con el football y tan diversos estupefacientes, van finalmente despertando y dando señales positivas de vida. A nadie corresponde mejor que a nosotros, sus Pastores, ayudarlas en tan noble intento.

Dios, Dueño y Señor de la historia, con su Presencia, Potencia y Providencia inalterables y el pueblo suyo, que peregrina en Nuestra Patria, reitero, les agradecen las limpias páginas que en el presente están escribiendo en el acontecer nacional.

Les escribe, con el corazón, más que con sus manos, este hermano y amigo sincero en el Señor.

Suyo adictísimo.

Monseñor Ignacio Trejos Picado.
Obispo Emérito San Isidro de El General


Mensaje de Monseñor Ignacio Trejos Picado ante el referendo sobre el TLC.
26 de abril del 2007

Permítame por medio de estas líneas, distraer su distinguida atención para manifestar mi opinión personal al respecto.

No creo estar equivocado si considero que Dios ha llamado a Costa Rica para ser un modelo de libertad en el concierto de las naciones.

¿Lo estamos siendo? Debemos preguntarnos.

Pareciera nos hace falta, en las presentes circunstancias, una profunda dosis de reflexión con miras a cumplir esa altísima vocación, con la responsabilidad del caso.

El profeta Jeremías atribuye las desgracias del hombre sobre la tierra precisamente a la falta de reflexión. Es así como expresa las quejas de Dios:
"Muchos pastores han desvastado mi viña, han pisoteado mi heredad, han convertido mi frondosa posesión en un árido desierto (Š) Toda la tierra está horrorosamente desolada y a nadie le importa (Š) Sembraron trigo y cosecharon espinas, se fatigaron trabajando sin provecho, quedaron confusos de su cosecha" Jer 12,10-13.

Frente al referendo sobre el TLC nos encontramos ante una situación sumamente delicada:
¿la verdad es oficial u oficiosa?, ¿no estaremos verdaderamente en una trampa?.
La verdad no necesariamente la tiene la mayoría, sino quien se pone de parte de quienes promueven la justicia. Esta no se puede manipular, jamás debe ser distorsionada.

¿Qué necesidad habríamos tenido de este referendo si los pros y los contras del tratado se hubieran expuesto a la ciudadanía con toda franqueza y equidad en el uso de los medios?.
¿Para qué, pues, tanta precipitación en la firma del mismo y las sumas cuantiosas de dinero que se han gastado en su propaganda con el fin de imponerlo a toda costa?.

De lo que todos somos testigos, y debemos confesarlo en buena ley, es que sobre los intereses de la Patria, están prevaleciendo los de los poderosos, que tratan de imponerse pero hasta ahora no lo han logrado con la celeridad deseada.

¿Cuál es, entonces, la ventaja del mencionado referendo?.
Ciertamente buscar la solución por la vía pacífica que ha sido siempre, para bendición nuestra, lo mejor.

¿Cuál debe ser, pues, nuestra actitud?.
La cristiana.
Sólo así seremos verdaderos testigos, poniéndonos de parte de la verdad y de la justicia, como lo hizo el Señor. El desarrollo que no atiende al bienestar comunitario se traduce lamentablemente en fracaso, en rotunda opresión.

Se pide a nuestra Iglesia manifestarse neutral en esta contienda. Eso significaría, ni más ni menos, que desfigurarla totalmente:
nuestra Iglesia debe estar siempre del lado de la verdad y de la justicia porque lucha por la paz y debe sembrar el amor. Por esta causa luchó y murió Jesucristo. Este fue, es y será siempre signo de contradicción. Causa de salvación para cuantos creemos en Él; desgracia para quienes le abandonan.

Efectivamente:
no podemos ser neutrales.
¿Cómo serlo por ejemplo, ante un texto del Tratado como el siguiente?:
"Ninguna disposición de este Capítulo se interpretará en el sentido de impedir que una Parte adopte medidas que sean necesarias para proteger la salud o la vida humana, animal y vegetal, siempre y cuando dichas medidas no se apliquen en forma que constituyan una restricción al comercio entre las Partes" Norma 9.14 del TLC. Dicen proteger la vida siempre y cuando no afectemos su comercio. No. No podemos ser neutrales.

No conocemos nada tan revolucionario como Jesús con su Evangelio y su Cruz. Se declaró siempre contra el poder corrupto, generador de injusticias. Por combatirlas derramó su sangre y entregó su vida. Lo quitaron del medio, cual piedra de tropiezo, pero el Padre del cielo, en cuyas manos se puso, lo exaltó y convirtió en piedra angular de su edificio: la Iglesia. Esta brotó con la sangre y el agua salidas del corazón redentor. Y así como Él, cual esposo fiel se entregó a ella, ésta debe dar siempre, con su ayuda, testimonio de fidelidad a su esposo.

Por estas y abundantes razones más, la Iglesia lejos de ser neutral estará siempre, inalterablemente del lado de la vida y no de la cultura de la muerte: el aborto, la esterilización, la violencia, las guerras de todos los tiempos. La Iglesia estará siempre en contra de cualquier tipo de injusticia, atropello contra la humanidad.

El amor es la ley del Señor y a Él nos invita a todos, sin distingo de raza ni nación. Por tanto, Cristo es ese gran revolucionario que no esgrimió más espada que el Evangelio. Él no derramó una sola gota de sangre de quienes lo persiguieron, pero sí vertió la suya propia por cuantos con nuestro pecado, deliberadamente, nos hemos convertido en enemigos suyos. No hay enemigo peor que éste.

Definitivamente nos hace falta valentía. Nos dice San Pablo que hemos sido bautizados no en espíritu de cobardía sino de fortaleza. No debemos confundir la prudencia con la pusilanimidad. Cristo prometió estar siempre del lado de la Iglesia y jamás le será dado defraudarla. No tengamos miedo.

Monseñor Ignacio Trejos Picado
Obispo Emérito de San Isidro de El General
11 de mayo de 2007

Amparo Pacheco.
Viceministra de Comercio Exterior

Los acuerdos comerciales que se negocian entre los países tienen un lenguaje muy técnico, en la medida en que tratan muchos aspectos relacionados con el comercio de infinidad de bienes y servicios, en campos muy diversos. Por una parte, los países buscan liberalizar el comercio de bienes y servicios entre ellos, como medio de buscar una mayor integración económica y desarrollo; y, por otra buscan que ese comercio no afecte la protección de objetivos nacionales legítimos como la seguridad, la salud y el ambiente.

Es frecuente que muchas veces los países traten de esconder intereses comerciales proteccionistas en argumentos de defensa de los mencionados objetivos legítimos, de allí la importancia de señalar que las medidas que los países pueden aplicar para proteger la seguridad, la salud y el ambiente, no deben constituir un medio de discriminación arbitrario o injustificable.

Monseñor Ignacio Trejos ha salido a los medios de prensa escandalizado por una frase que contiene el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos que dice:
Ninguna disposición de este Capítulo se interpretará en el sentido de impedir que una Parte adopte medidas que sean necesarias para proteger la salud o la vida humana, animal y vegetal, siempre y cuando dichas medidas no se apliquen en forma que constituyan una restricción al comercio entre las Partes” (Art. 9.14 del TLC). Seguidamente Monseñor agrega: “Dicen proteger la vida siempre y cuando no afectemos su comercio. No. No podemos ser neutrales”.

Dos razones. Quiero destacar dos razones por las que creo que no se está interpretando bien el sentido de ese artículo. En primer lugar,
porque la frase que antecede la que cita Monseñor y que es importante para entender el contenido del compromiso dice:
“Siempre y cuando dichas medidas no se apliquen en forma que constituyan un medio de discriminación arbitrario o injustificable entre las Partes”. Es decir, que los países podrán tomar las medidas adecuadas para proteger sus objetivos legítimos siempre y cuando no lo hagan de manera discriminatoria o injustificada.

En segundo lugar,
porque desde hace muchos años, y posiblemente no lo sepa Monseñor, ese es un compromiso que está vigente a escala internacional desde hace muchos años, entre los 150 países que forman parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC) entre ellos Costa Rica, en el artículo XX del GATT y el artículo XIV del GATS, que regulan el comercio de bienes y el comercio de servicios, respectivamente.

Asimismo, nuestro país lo tiene, en otros acuerdos comerciales vigentes, particularmente en el art.18-01 del TLC Costa Rica con México; el art. 20.02 del TLC Centroamérica-Chile; el art. XIV.1 del TLC Costa Rica-Canadá; y, el art. XVI.01 del TLC de Costa Rica-Caricom. En otras palabras, este párrafo del TLC que cita Monseñor utiliza un lenguaje similar al de todos los acuerdos comerciales vigentes, orientado a que los países tengan la flexibilidad para proteger sus objetivos legítimos de salud, seguridad, ambiente; pero no puedan poner barreras comerciales indiscriminadas o injustificadas, amparándose en argumentos de protección de objetivos legítimos. Cabe destacar a la luz de este tema, la importancia de ubicar en su verdadero contexto lo que en estos acuerdos dicen.

12 de mayo de 2007

(Respuesta de Monseñor Trejos a la señora Viceministra A. Pacheco)

Monseñor Ignacio Trejos Picado.
Obispo Emérito de San Isidro de El General.

Gran servicio le ha hecho a nuestra causa, la señora Vice - Ministra Amparo Pacheco al comentar mis letras, que no fueron publicadas en el periódico La Nación, pues así podré explicar a los amables lectores de este periódico las razones que me motivan para abandonar una neutralidad estéril, en este debate tan crucial, que tenemos los costarricenses sobre el rechazo o aprobación del Tratado de Libre Comercio. ¿Por qué no puedo ser neutral, doña Amparo? En su artículo, usted misma me responde a esta pregunta.

Veamos por qué.

¿Interpretaciones erróneas? No más de entrada, me descalifica usted al aducir que “Los acuerdos comerciales que se negocian entre los países tienen un lenguaje muy técnico”. Será por eso mis “interpretaciones erróneas” Me descalifica a mí y a todos los costarricenses, soberanos, que debemos tomar una decisión sobre este tratado y que no somos “técnicos”. La verdad, yo no tengo ninguna razón para serlo. Su criterio es el mismo del señor Presidente de la República cuando afirmaba a los medios de comunicación que era mejor que el costarricense lea novelas, y que deje esos textos aburridos a los expertos. Serían únicamente ustedes los que leerían el texto y nos dirán después qué hacer con nuestro voto. Y cual ovejas que vamos al matadero, haremos únicamente lo que los “técnicos” nos digan que hagamos. No, doña Amparo. Nuestro pueblo es un pueblo educado. Es un pueblo maduro, capaz de leer y capaz de entender, como leyó y entendió las leyes del “Combo del ICE” cuando las tuvo en sus manos. De ahí la responsabilidad de cada uno de nosotros, los costarricenses, de informarnos de primera mano, y no sólo escuchar la publicidad elaborada por los “técnicos” en comercio o en publicidad. Usted dirá, técnicos en qué. Primera razón, por la cual no puedo ser neutral. La Patria me exige un esfuerzo de informarme e informar a otros.

Sobre el “escándalo” Dice usted que he salido a los medios de prensa “escandalizado” por una frase que contiene el Tratado. Ese texto es el siguiente “Ninguna disposición de este Capítulo se interpretará en el sentido de impedir que una Parte adopte medidas que sean necesarias para proteger la salud o la vida humana, animal y vegetal, siempre y cuando dichas medidas no se apliquen en forma que constituyan una restricción al comercio entre las Partes” (Art. 9.14 del TLC). Agrega que en la trascripción faltó una frase del texto: “Siempre y cuando dichas medidas no se apliquen en forma que constituyan un medio de discriminación arbitrario o injustificable entre las Partes” y finalmente nos da su interpretación de ese artículo: “Es decir, que los países podrán tomar las medidas adecuadas para proteger sus objetivos legítimos siempre y cuando no lo hagan de manera discriminatoria o injustificada.” Con esta frase, señora Vice-Ministra, nos quería decir que entendimos mal la cosa, pero en realidad nos está dando la razón. Estamos diciendo lo mismo. En lo que sí diferimos es en los alcances éticos de este artículo. Usted lo relativiza. No hay que alarmarse. No hay por qué escandalizarse. Pero en este momento no estamos para relativizaciones. Hay que ser muy claros y hablar con la verdad: ninguna medida debe ser considerada discriminatoria o injustificada cuando se protegen objetivos legítimos en materia de protección de la salud, la vida humana, animal o vegetal. Si son objetivos legítimos no hay ni discriminación. La dignidad de la vida humana, el destino universal de los bienes, la búsqueda del bien común antes que el particular, la solidaridad, la subsidiaridad, son valores supremos a cualquier otro valor. Además, son legítimos por ellos mismos, no requieren de legitimación. No admiten dudas y mucho menos, interpretaciones. Y por supuesto, nunca deben estar sujetos a consideraciones de tipo comercial. Cuando Costa Rica decidió sabiamente, comprar medicinas genéricas para la Caja, decisión que ha significado un inmenso bien para la colectividad costarricense, tuvo que tomar “medidas discriminatorias” hacia algunas empresas transnacionales farmacéuticas. Cuando Costa Rica decidió no tener ejército o trasegar armas, y destinar ese presupuesto a la búsqueda del bien común de la sociedad costarricense, debió tomar medidas “discriminatorias” hacia las empresas de armamentos. Costa Rica rechazó la explotación petrolera para proteger el ambiente y a las comunidades indígenas de Talamanca, esas fueron medidas “discriminatorias” hacia ciertas empresas petroleras. También tomamos medidas “discriminatorias” hacia ciertas empresas cuando decidimos con toda valentía, coraje y garra, que podíamos hacernos cargo de los seguros, de la electrificación y de las telecomunicaciones en Costa Rica. Y lo hemos hecho más que bien, repartiendo esa riqueza entre todos los costarricenses, seguros como estamos, de nuestra capacidad técnica y humana. (Un ejemplo de ello es el Proyecto Cariblanco recién inaugurado, seis meses antes de lo previsto, hasta con participación de la empresa privada y a pesar de que más de un gobernante ha querido estrangular esa querida institución llamada ICE). A Dios gracias, como nación nunca hemos tenido dificultad, al escoger el bien común por encima de los intereses particulares. Nunca nos ha importado que ante el mundo parezcamos locos. ¿Quién definirá, a partir de la ratificación del TLC, qué es lo “necesario” para nuestro pueblo? ¿Serán los tribunales arbitrales internacionales, especializados en comercio que reconocerán únicamente el tratado y no nuestras leyes soberanas? ¿Qué les importa a estos tribunales que para nosotros es vital no tener ejército, proteger a las comunidades indígenas, sus territorios y su cultura, proteger a nuestros agricultores, sus semillas y sus cosechas, no producir armas, proteger el ambiente, la flora y la fauna, comprar o producir medicinas genéricas a un mejor precio y con calidad comprobada, distribuir las riqueza que produce el ICE y el INS, entre todos los costarricenses? ¿Cómo explicar la esencia misma del “ser costarricense” ante tribunales comerciales? Ese artículo, que se repite en muchos otros capítulos del TLC, ratifica mis temores: serán las empresas transnacionales las que definirán nuestro futuro… y en Tribunales externos a mi país. Nuestras leyes y nuestro régimen judicial no tendrán nada más que decir. Pero además, en este artículo queda confirmado que no será el comerciante el que deberá demostrar que su actividad económica no afecta la vida humana, animal o vegetal, como tradicionalmente lo hemos hecho en Costa Rica, y en buena lógica así debe ser. Ahora los naciones deberemos demostrar que nuestras políticas, económicas, sociales y ambientales que protegen la vida, no afectan el comercio. El descargo de la prueba se ha invertido. La ética nos dice que cuando un valor, de rango inferior, o peor aún, un anti-valor, toma supremacía sobre un valor supremo, estamos frente a una perversión. Si aprobamos este TLC habremos pervertido nuestra escala de valores, que ha hecho de Costa Rica un ejemplo para el mundo. El comercio estará por encima de los valores que protegen la vida, en todas sus dimensiones.

La generalización de un error El otro argumento que utiliza usted, para descalificar mis opiniones es que esa perversión de la que hablo y que muchos costarricenses estudiosos del tema, que merecen toda mi consideración y respeto, ya han denunciado hasta el cansancio; esa perversión de considerar el comercio como valor supremo, sobre la vida humana, animal y vegetal, ya existe en otros tratados firmados anteriormente por Costa Rica ¡Albricias! Tremendo consuelo me da, doña Amparo. La generalización de un error ético (o de cualquier otra especie) jamás debe ser un argumento para legitimarlo, menos aún cuando sabemos que la dimensión de los impactos de estos tratados no tiene ningún punto de comparación con el tratado que nos ocupa. Finalmente, debo señalar que la responsabilidad de la aprobación de esos tratados firmados en el pasado, fue de los técnicos y de los políticos de turno; no fue el pueblo el que decidió. Hoy día esa responsabilidad es mía, suya y de cada uno de los costarricenses. Otro motivo más por el cual no puedo ser neutral.

(Respuesta de Monseñor Trejos a la señora Viceministra A. Pacheco)

1 Comments:

Blogger mario said...

Increible que el señor obispo cambie el texto del 9.14. El texto sacado del TLC dice "Siempre y cuando dichas medidas (necesarias para proteger la salud o la vida humana, animal y vegetal) no se apliquen en forma que constituyan un medio de discriminación arbitrario o injustificable entre las partes cuando existan las mismas condiciones o una restricciòn ENCUBIERTA al comercio entre las partes"

Sin la palabra encubierta, lógicamente se puede pensar que el comercio está sobre la vida humana, pero la palabra encubierta cambia el sentido y este es que se puede establecer una restricciòn al comercio argumentando que afecta la vida humana, cuando en realidad no es así. Una cosa es que el comercio esté sobre la vida humana y otra cosa es que utilizando discriminaciones arbitrarias o injustificables y en una forma encubierta utilizar la vida humana, animal o vegetal para restringir el comercio.

Gracias

2:29 PM  

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